Adentrarse en el barrio madrileño de Usera y encontrarte de frente con el Román Valero es una de esas sensaciones que se quedan marcadas en tu retina. Acceder al estadio por el túnel de vestuarios por donde pisas un césped que sabes ha militado en la categoría de plata del fútbol nacional, te hace recorrer una tensa pero agradable sensación de nerviosismo y el impacto en la tripa es mucho mayor que un desencuentro amoroso. Algo tiene el CD Colonia Moscardó, fundado allá por 1945 cuando ha pasado por todos los estatus que puede ocupar una entidad deportiva.

Un buen adicionado al Mosca, sabe de sobra lo que es sufrir en el fútbol, pero no hablo de balones que entran o salen de una portería. Hablo de un despacho donde se dirime el futuro de una entidad que año tras año se ha salvado milagrosamente de la quiebra pese a su efímero paso por la segunda división española. La llegada de una nueva directiva, salvando la entidad, y obedeciendo a una obligación sentimental, donde creen y apuestan por un proyecto ambicioso que devuelva al Mosca al menos a sus orígenes de tercerola no hacen más que sumar a esa sensación que recorre tu cuerpo cuando accedes al estadio decidido a que hoy tienes que narrar la primera victoria de los rojiblancos en las pantallas de Live Vuvuzela.

La historia que emerge del mítico estadio Roman Valero y el aroma a fútbol que rezuma por los cuarto costados de la grada es tan intensa, que se convierte en el mayor de los desafíos. Objetivo cumplido, Boriko hace de killer, y Diego se viste de arquero, para poner un dos a cero a favor del Mosca en el Roman Valero. El Moscardó no jugará la Súper Liga, y puede que ni si quiera llega a la champions, pero su historia, su afición, su estadio y su nueva directiva, son de Primera.

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